Durante los últimos 20 años, Clemencia Astudillo ha cargado con una pena profunda que nada ha podido mitigarla.
A pesar de que ahora es una empresaria de éxito, con un matrimonio estable y tres hijos adoptivos, no puede olvidar aquel día nefasto en que se despertó en un hospital sola, indefensa y confundida para descubrir que le habían robado a su hija recién nacida la noche anterior.