El Bluetooth es práctico para audífonos, relojes y parlantes. El problema es dejarlo prendido todo el día sin necesidad, ahí no solo gastas un poco más de energía: también abres una puerta extra a ataques cercanos.
1) Batería: el gasto existe, pero es pequeño
En una prueba de uso “normal” durante 26 horas, un teléfono con Bluetooth activado consumió un poco más de batería que con Bluetooth apagado. No es un golpe fuerte, pero suma si quieres estirar la carga.
2) Privacidad y seguridad: el riesgo real
El mayor motivo para apagarlo es la seguridad. Cuando el Bluetooth está activo, tu teléfono puede quedar más expuesto a acciones de terceros cercanos, sobre todo si está en modo visible o listo para emparejar. La guía de seguridad de NIST recomienda mantener el dispositivo en modo visible/conectable el menor tiempo posible.
Además, existen ataques conocidos como:
- Bluejacking: mensajes no solicitados a equipos cercanos (molesto, pero puede usarse como “anzuelo”).
- Bluesnarfing: acceso no autorizado a datos (como contactos o mensajes) en ciertos escenarios vulnerables.
- Bluebugging: el más grave: busca control o uso del equipo sin permiso.
3) Cómo protegerte sin dejar de usar Bluetooth
Si lo necesitas a diario, no se trata de vivir con miedo. Se trata de usarlo con hábito:
- Apágalo cuando no lo uses.
- Mantén el teléfono no visible (visible solo al emparejar).
- Acepta conexiones solo de equipos que conoces.
- Borra (“olvida”) dispositivos viejos que ya no usas.
- Actualiza el sistema y, si aplica, el firmware de tus accesorios. (Muchas fallas se corrigen con parches).
- Evita emparejar en lugares muy llenos si no es necesario.
Bluetooth es útil, pero no tiene por qué estar prendido siempre. Con dos o tres ajustes simples reduces riesgos y listo.

