Abrazar a un perro suele interpretarse como una muestra de amor y cercanía. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal advierten que este gesto, común entre humanos, puede generar estrés en los perros y afectar su bienestar emocional si se repite con frecuencia.
A diferencia de las personas, los perros no utilizan el abrazo como forma de afecto, lo que explica por qué muchos lo toleran sin disfrutarlo realmente.
El estrés canino: una respuesta silenciosa pero constante
El principal problema del abrazo es la sensación de restricción. Cuando una persona rodea el cuerpo del perro con los brazos, el animal puede percibirlo como una situación de pérdida de control.
En ese contexto:
- El perro no puede alejarse
- Se activa su instinto de alerta
- Aumentan los niveles de cortisol, la hormona del estrés
Aunque el animal permanezca quieto, su cuerpo puede estar experimentando estrés silencioso, una condición difícil de detectar para los dueños.
Señales de estrés que muchos pasan por alto
Durante un abrazo, un perro estresado suele mostrar señales claras, aunque sutiles:
- Rigidez corporal
- Bostezos repetidos
- Lamerse los labios
- Orejas hacia atrás
- Cabeza girada para evitar el contacto
- Ojos muy abiertos, mostrando el blanco
Estas respuestas indican incomodidad, no afecto.
Cómo demostrar cariño sin provocar estrés
Los expertos recomiendan formas de contacto que respetan la naturaleza del perro:
- Caricias en el pecho o los costados
- Rascar detrás de las orejas
- Juegos tranquilos
- Permanecer cerca sin forzar el contacto
Cuando un perro se acerca por voluntad propia y se apoya en su tutor, está expresando afecto de manera natural.
Abrazar a un perro no siempre representa una muestra de amor para él. En muchos casos, puede convertirse en una fuente de estrés que afecta su bienestar físico y emocional. Reconocer su lenguaje corporal y respetar sus límites fortalece el vínculo y previene problemas de conducta.
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