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¿Qué pasa si dejo de tomar café de golpe? El mito detrás de abandonar la cafeína

Dejar el café de golpe genera dudas y mitos. Expertos explican qué ocurre realmente en el cuerpo.

Dejar el café de golpe genera dudas y mitos. Expertos explican qué ocurre realmente en el cuerpo.

Para millones de personas, el café forma parte de la rutina diaria. Una o varias tazas acompañan el inicio de la jornada, el trabajo o los momentos de descanso, convirtiendo a la cafeína en uno de los estimulantes más consumidos en el mundo.

Por eso, cuando alguien que ha tomado café todos los días durante años decide dejarlo de forma repentina, surgen preguntas y temores. En redes sociales y conversaciones cotidianas se repite una idea: abandonar el café de golpe “le hace daño al cuerpo”.

El mito de dejar el café de un día para otro

Existe un mito popular que asegura que dejar el café de manera abrupta puede provocar problemas graves de salud. Sin embargo, especialistas coinciden en que esta creencia nace de la abstinencia a la cafeína, un proceso normal y temporal, y no de un riesgo médico real en personas sanas.

Cuando el organismo se acostumbra al consumo diario de cafeína, el cerebro ajusta su funcionamiento. Al suspenderla de repente, el cuerpo necesita un periodo de adaptación, lo que explica la aparición de ciertos síntomas.

Muchas personas optan por consumir café en horas de la noche.

Qué síntomas pueden aparecer

Entre las molestias más comunes al dejar el café de golpe se encuentran:

Estos efectos suelen aparecer entre 12 y 24 horas después de la última taza, alcanzan su punto máximo en los primeros dos o tres días y, en la mayoría de casos, desaparecen en menos de una semana.

Uno de los síntomas que tiene una persona al dejar de consumir café es el dolor de cabeza.

¿Es peligroso dejar el café de golpe?

Los expertos aclaran que no es peligroso abandonar el café de forma repentina. El malestar que algunas personas experimentan es pasajero y depende, en gran medida, de la cantidad de cafeína que se consumía a diario.

Para quienes buscan una transición más cómoda, reducir el consumo de manera gradual puede ayudar a minimizar los síntomas, aunque no es un requisito obligatorio.

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