Una tormenta invernal sin precedentes castiga actualmente a los Estados Unidos, provocando lo que el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) califica como «condiciones potencialmente mortales».
El fenómeno extremo se extiende desde Texas hasta Nueva Inglaterra, afectando a unos 180 millones de personas, lo que representa más de la mitad de la población estadounidense.
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Un rastro de tragedia y frío extremo
Lamentablemente, las autoridades ya confirman varias víctimas mortales debido a las gélidas temperaturas. En Luisiana, el Departamento de Salud ratificó el fallecimiento de dos hombres por hipotermia. Asimismo, el alcalde de Austin, Texas, informó sobre una muerte vinculada al congelamiento, mientras que en Kansas hallaron el cuerpo de una mujer sepultado bajo la nieve. Por si fuera poco, el estado de Tennessee reportó otras tres muertes relacionadas con este clima hostil.
Debido a la peligrosidad del temporal, cientos de escuelas han suspendido sus clases y las carreteras principales permanecen intransitables. De igual manera, el transporte aéreo sufre un colapso masivo; según el portal FlightAware, las aerolíneas ya han cancelado más de 11.000 vuelos.
Apagones masivos y lluvia helada
La situación energética también es crítica. De acuerdo con los datos de poweroutage.us, más de 800.000 hogares perdieron el suministro eléctrico hasta la tarde del domingo. Este escenario se agrava por la presencia de lluvia helada, un fenómeno peligroso donde el agua se congela instantáneamente al tocar superficies, derribando cables de alta tensión y ramas de árboles.
Allison Santorelli, meteoróloga del NWS, advirtió en declaraciones a CBS News que la recuperación será lenta. «La nieve y el hielo se derretirán muy despacio, lo que dificultará cualquier esfuerzo de los equipos de emergencia«, señaló la experta.
Perspectivas para los próximos días
A pesar de los esfuerzos de las autoridades, los pronósticos indican que las nevadas intensas y el granizo podrían durar varios días más. Por lo tanto, los organismos de socorro instan a los ciudadanos a permanecer en sus hogares y evitar desplazamientos innecesarios.
En conclusión, Estados Unidos enfrenta una de las pruebas climáticas más duras de la última década, con un impacto que sigue escalando minuto a minuto.
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