Envejecer ya no se explica solo con los cumpleaños. Hoy la ciencia también lo mide con marcadores del cuerpo. Y el espacio, con su mezcla de microgravedad, radiación y cambios de sueño, se convirtió en un laboratorio extremo. Un nuevo análisis con astronautas que estuvieron pocos días en órbita sugiere una idea inesperada: el organismo puede mostrar señales de envejecimiento acelerado en vuelo, pero también activar una recuperación muy rápida al regresar.

Una semana en órbita y el “reloj biológico” se mueve rápido
El equipo analizó a cuatro tripulantes de la misión Axiom-2, un vuelo de nueve días hacia la Estación Espacial Internacional. Tomaron muestras de sangre en varios momentos: antes del despegue, durante el viaje y en los primeros días tras el retorno.
Con esas muestras evaluaron decenas de “relojes epigenéticos”, que estiman la edad biológica a partir de la metilación del ADN. En promedio, la aceleración de esa edad aumentó 1,91 años para el día 7 en órbita. Dicho simple: el cuerpo se comportó como si hubiera envejecido casi dos años en una semana.
En microgravedad, los músculos y huesos se debilitan, el sueño se altera y a esto se le suma la radiación espacial. Descubre qué le sucede al cuerpo fuera de la Tierra y cómo nuestros científicos trabajan para contrarrestar sus efectos: https://t.co/ZE7UGtH4LI pic.twitter.com/WCqWyaxxQX
— NASA en español (@NASA_es) January 5, 2026
Por qué el espacio empuja al cuerpo hacia cambios “tipo envejecimiento”
En el espacio pasan varias cosas al mismo tiempo. La microgravedad reduce la carga sobre músculos y huesos. La radiación aumenta el estrés celular. Además, el descanso y los ritmos del día se alteran, y el aislamiento suma presión.
El estudio también vio que parte del cambio se relacionó con el sistema inmune. Varió la proporción de ciertas células defensivas en la sangre, algo que puede mover estos relojes biológicos. Aun así, los autores encontraron señales de aceleración incluso cuando ajustaron esos cálculos.
El regreso a la Tierra activó un “rebote” de recuperación
Lo más alentador apareció después del aterrizaje. En los cuatro astronautas, la edad biológica bajó tras volver a la gravedad. En los tripulantes de mayor edad, los valores tendieron a regresar a niveles similares a los previos al vuelo. En los más jóvenes, la edad biológica incluso quedó por debajo de la línea inicial en los días posteriores.
Este patrón sugiere que el envejecimiento no siempre funciona como una flecha que solo avanza. En escenarios de estrés extremo y corto, el cuerpo puede activar respuestas de reparación y recuperación en muy poco tiempo.
Este tipo de mediciones todavía necesita más datos y misiones más largas. Pero el mensaje ya abre una puerta: el espacio permite observar, en días, cambios que en la Tierra suelen tardar años. Entender ese “ida y vuelta” podría ayudar a proteger mejor a los astronautas y, a la vez, aportar pistas útiles para estudiar el envejecimiento humano.











