La rotación de la Tierra ya no es la misma de antes. La NASA confirmó recientemente que nuestro planeta experimenta variaciones medibles en su velocidad de giro, lo que altera la duración exacta de los días.
Aunque los humanos no percibimos estos cambios, la tecnología de alta precisión ha detectado una tendencia clara: los días se están alargando progresivamente debido a una mezcla de fenómenos naturales, crisis climática y megaestructuras creadas por el hombre.

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El freno lunar y el nuevo factor climático
Históricamente, la Luna ha funcionado como el principal «freno» de la Tierra. Su fuerza gravitacional genera mareas que ralentizan la rotación a un ritmo de 1,7 milisegundos por siglo. Sin embargo, el calentamiento global ha introducido una variable inédita en esta ecuación física.
Desde el año 2000, el deshielo de los glaciares y la pérdida de agua subterránea han redistribuido la masa del planeta hacia el ecuador. Este movimiento de masa genera un efecto similar al de un patinador que extiende sus brazos para girar más lento. Por consiguiente, si las emisiones de gases de efecto invernadero no disminuyen, el impacto del clima sobre la rotación alcanzará los 2,62 milisegundos por siglo, superando incluso la influencia milenaria de la Luna.

Presas gigantes y terremotos
La investigación de la agencia espacial estadounidense también señala que la infraestructura humana posee una escala capaz de mover el mundo. Un caso emblemático es la Presa de las Tres Gargantas en China. Al almacenar 40 kilómetros cúbicos de agua a gran altura, esta construcción alteró la distribución de la masa terrestre, alargando el día en 0,06 microsegundos y desplazando levemente el eje del planeta.
Por otro lado, los eventos geológicos extremos también juegan su papel. El terremoto del Océano Índico en 2004, por ejemplo, provocó un efecto opuesto: acortó el día en 2,68 microsegundos debido al violento movimiento de las placas tectónicas hacia el centro de la Tierra.
El desafío para el GPS y las telecomunicaciones
¿Llegaremos a tener días de 25 horas? Los científicos estiman que, al ritmo actual, esto ocurriría en unos 200 millones de años. No obstante, el problema inmediato es tecnológico.
Sistemas globales como el GPS, las telecomunicaciones y la navegación satelital dependen de una sincronización extrema. Incluso una variación de microsegundos obliga a los expertos a realizar ajustes constantes en los relojes atómicos para evitar errores de geolocalización. De esta manera, el cambio en la rotación terrestre deja de ser una curiosidad científica para convertirse en un reto logístico para la vida moderna.
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