La economía ecuatoriana muestra señales claras de dinamismo durante el primer bimestre del año. Según las cifras oficiales del Gobierno de Daniel Noboa, la banca pública inyectó 1.048 millones de dólares en el sistema productivo entre enero y febrero de 2026.
Este monto representa un incremento del 11% en comparación con el mismo periodo del año anterior, consolidando el acceso al financiamiento para hogares y productores.

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Casi medio millón de sueños financiados
Durante estos dos meses, las entidades financieras estatales gestionaron cerca de 500.000 operaciones crediticias. Este despliegue de recursos beneficia directamente a pequeños y medianos emprendedores, quienes hoy encuentran mayor respaldo para expandir sus negocios.
Por consiguiente, este flujo de capital no solo potencia la producción nacional, sino que también fortalece el bienestar de las familias ecuatorianas. El trabajo articulado de instituciones como BanEcuador, la CFN, el Biess, el BDE y la Conafips permite que el dinero llegue a sectores que antes carecían de oportunidades crediticias reales.
Cae la morosidad: Los ecuatorianos pagan mejor
Además del aumento en los desembolsos, el país registra una mejora sustancial en la cultura de pago. De acuerdo con los datos más recientes del Banco Central del Ecuador, el índice de morosidad en el sistema financiero público se redujo en 3,5 puntos porcentuales en enero de 2026 respecto al mismo mes de 2025.
Esta reducción evidencia que los ciudadanos poseen ahora una mayor capacidad económica para cumplir con sus obligaciones. Asimismo, el descenso del impago fortalece la solidez de la banca estatal, permitiendo que las entidades reinviertan esos fondos en nuevos préstamos para la ciudadanía.

Un sistema financiero más robusto
En consecuencia, estos resultados reflejan una gestión enfocada en la eficiencia del gasto y el crecimiento productivo. La banca pública actual no solo presta más dinero, sino que lo hace de forma más inteligente, llegando a quienes realmente impulsan la economía desde sus comunidades.
Finalmente, la combinación de mayor acceso al crédito y una mejor cultura de pago posiciona al sistema financiero público como un motor fundamental para el desarrollo sostenible del país durante este 2026.
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