Rusia atacó Kiev durante la noche del miércoles al jueves 22 de octubre con varias oleadas de misiles balísticos, apenas unas horas después de que Vladímir Putin se reuniera en San Petersburgo con el enviado de Estados Unidos, Steve Witkoff.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, habló de 21 misiles balísticos en tres oleadas y de al menos dos muertos y 34 heridos entre Kiev y sus alrededores.
La Fuerza Aérea de Ucrania registró impactos en 32 lugares. Zelenski enumeró daños en edificios residenciales, infraestructura de energía, una estación de tren, instalaciones del metro, centros comerciales y un monasterio. Rusia también lanzó 210 drones, de los cuales Ucrania dice haber derribado o neutralizado 181.
Según Euronews, el especialista militar Serhii Beskrestnov indicó que uno de los misiles, un Iskander con ojiva de racimo, explotó sobre el centro histórico de la capital. Esa ojiva libera decenas de submuniciones en el aire.
Un día de contactos diplomáticos
El ataque llegó en medio de un intenso movimiento diplomático. Witkoff se había reunido antes con Zelenski en Oslo. El miércoles, Zelenski dijo en una entrevista con Fox News que aceptaría congelar la línea del frente como primer paso hacia un alto el fuego, aunque eso implique ceder cerca de una cuarta parte del territorio ucraniano. Pidió garantías de seguridad de Estados Unidos y Europa.
Witkoff calificó de “constructivas” sus conversaciones y dijo que seguirán los contactos técnicos entre Washington, Moscú y Kiev. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que Putin estudiará las propuestas y añadió: “Y luego veremos”. Zelenski calificó el bombardeo de “demostrativo” y afirmó que muestra que no hay cambios reales en la actitud de Rusia. Pidió más defensa aérea y sanciones.
Esa misma noche, el Ministerio de Defensa ruso dijo haber derribado al menos 808 drones ucranianos, y la alcaldía de Moscú restringió temporalmente los vuelos en los aeropuertos de la capital.
TAMBIÉN LEA:
