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Fukushima liberará sus aguas contaminadas al océano Pacífico

Japón anunció que el próximo 24 de agosto la central nuclear de Fukushima liberará el agua que quedó contaminada de elementos radioactivos.

El agua fue utilizada para enfriar los reactores que se sobrecalentaron luego del tsunami provocado por un terremoto de 9,1 el 11 de marzo de 2011.

El plan de TEPCO, la operadora de la central nuclear, tiene la luz verde del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y de las autoridades japonesas, pero levanta suspicacias en la población, las organizaciones civiles y los países vecinos.

En total se usaron 1,3 millones de metro cúbicos, suficiente líquido para llenar 500 piscinas olímpicas.

En total, fueron 64 los isótopos radiactivos que adquirió el líquido -formas inestables de un elemento que emiten radiación para estabilizarse, según la descripción de la OIEA.

Algunos de estos elementos, que son producto del proceso de fisión nuclear que se da en las centrales para generar energía, han ido decayendo con el tiempo que ha pasado desde el desastre. Sin embargo, hay otros que persisten y que son dañinos para la salud: el yodo-131, el cesio-137, el estroncio-90, el cobalto-60, el carbono-14 y el hidrógeno-3.

La operadora TEPCO describe un proceso de tratamiento de aguas avanzado (conocido por sus siglas ALPS en inglés) para eliminar 62 de los 64 elementos radiactivos, que consiste en un elaborado sistema de filtrado y sedimentación, entre otras técnicas, para que el líquido quede limpio.

Este proceso logra reducir a la mínima expresión los elementos como el yodo, el cesio, el estroncio o el cobalto antes mencionados, que son los que tienen una radiación mayor: en grandes cantidades pueden llegar a dañar la piel, y en caso de ingesta pueden impactar varios órganos y aumentar el riesgo de cáncer. Sin embargo, el ALPS no consigue eliminar el carbono-14 ni el hidrógeno-3, conocido como tritio. Ambos emiten una radiación más baja que apenas penetra la piel en la exposición externa, y que debería ser ingerida en cantidades enormes para provocar daños internos.

En el caso de estos dos elementos, la estrategia seguida por TEPCO es mezclar el agua contaminada con todavía más agua limpia para reducir la concentración del carbono y el tritio y bajarlos hasta niveles considerados saludables. Según la operadora, el vertido tendrá unos 190 becquereles de tritio por litro, mientras que el límite establecido por la OMS para consumo de agua es de 10.000 becquereles por litro -un becquerel es una unidad de radiactividad.

Por ahora, este líquido sigue almacenado en un millar de gigantes contenedores de acero. La propuesta de TEPCO es empezar con vertidos más pequeños para controlar su seguridad: 7.800 metros cúbicos se liberarán a o largo de 17 días inicialmente. Además de insistir en que el nivel de radiación de esa agua es seguro según los estándares internacionales, la operadora y las autoridades japonesas recuerdan que los pescadores no operan en las cercanías inmediatas de la planta nuclear ni en el lugar en el que se dejará el agua.

Una vez se integre en el océano Pacífico, es difícil predecir qué sucederá. El agua contaminada se diluirá todavía más, probablemente se desplazará, pero no hay certezas sobre su comportamiento particular. Ahí está la preocupación de las principales voces críticas: «Los científicos han advertido que los riesgos radiológicos de los vertidos no se han evaluado completamente», denuncia Greenpeace en un comunicado.