El dirigente ítalo-suizo Gianni Infantino tiene prácticamente asegurada su reelección como presidente de la FIFA, debido al apoyo explícito que recibió por parte de más de 200 federaciones nacionales. El directivo allanó por completo el camino para iniciar un nuevo periodo al frente del balompié internacional sin enfrentar a un solo competidor.
A través de cartas de respaldo formales, la gran mayoría de las asociaciones miembros ratificaron su confianza en el actual mandatario. No obstante, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) resaltó por ser una de las pocas potencias en no enviar su carta de apoyo. Esta solitaria postura rompe con la alineación unánime del mapa futbolístico, destacando el silencio del país germano frente a la gestión oficial.

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Una gestión expansiva entre aplausos y cuestionamientos
Este cómodo panorama electoral generó inmediatas reacciones en la prensa deportiva global. Por ejemplo, el reconocido periodista Fernando Palomo cuestionó la falta de debate interno señalando que el continuismo es la única papeleta y que más de 200 federaciones simplemente aplauden el pensamiento único. A pesar de las críticas sobre la concentración del poder y la ausencia de voces disidentes, la administración de Infantino conserva un blindaje político envidiable.
Por consiguiente, el proceso electoral se convertirá en una simple formalidad institucional durante el próximo congreso. Bajo su mandato, la FIFA impulsó una agresiva estrategia de expansión comercial y el nacimiento de nuevos formatos competitivos, tales como el renovado Mundial de Clubes. De este modo, la estabilidad financiera del organismo pesa mucho más en la balanza de los votantes que las escasas demandas de renovación democrática en el fútbol.

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