Ciencia y tecnología

¿Comer lácteos por la noche puede causarte pesadillas? Esto dice la ciencia

Según un estudio reciente publicado en Frontiers in Psychology, investigadores canadienses hallaron una posible relación entre el consumo de productos lácteos y la aparición de pesadillas, especialmente en personas con intolerancia a la lactosa.

La investigación, liderada por Tore Nielsen, experto en neurocognición de los sueños en la Universidad de Montreal, analizó los hábitos de sueño y alimentación de 1.082 estudiantes universitarios a lo largo de cuatro meses.

Sueños alterados por lo que comemos

Los resultados arrojaron que aproximadamente el 40 % de los participantes cree que su alimentación influye en su calidad de sueño, y un 5,5 % afirmó que también afecta el contenido de sus sueños.

Entre los alimentos más señalados como desencadenantes de sueños extraños o perturbadores destacan los postres, dulces (29,8 %) y productos lácteos (20,6 %). En contraste, alimentos como frutas, verduras e infusiones fueron considerados aliados del buen descanso.

Intolerancia a la lactosa y pesadillas: la conexión

El estudio encontró una asociación significativa entre las pesadillas y la intolerancia a la lactosa. Esto se debería a que muchas personas con esta condición siguen consumiendo productos lácteos, aunque su cuerpo no produzca suficiente lactasa, la enzima encargada de digerir la lactosa.

Durante el sueño, el cuerpo puede experimentar síntomas digestivos sutiles, como hinchazón o malestar abdominal, que aunque no despierten a la persona, podrían reflejarse en el contenido de sus sueños.

El Dr. Nielsen explica que ya se ha observado en otros estudios cómo ciertos sueños pueden anticipar síntomas físicos reales, como soñar con fuego antes de un episodio febril. Además, las emociones negativas ligadas al malestar físico también podrían prolongarse en el plano onírico.

¿Y qué pasa con el gluten?

Curiosamente, el estudio no encontró una relación clara entre intolerancia al gluten y pesadillas, aunque los investigadores reconocen que esto puede deberse a la baja prevalencia de esta condición en la muestra, o a que sus efectos fisiológicos y emocionales son distintos.

Próximos pasos: ¿cómo influye realmente lo que cenamos?

Aunque los resultados apuntan a un vínculo claro entre malos sueños y productos lácteos en personas intolerantes a la lactosa, los investigadores señalan que aún no se puede afirmar con certeza cuál es la causa y cuál es el efecto.

¿Dormimos mal porque comemos mal, o comemos mal porque dormimos mal? Esa es una de las interrogantes que Nielsen y su equipo esperan responder con futuros estudios controlados y muestras más amplias.

Una de sus propuestas incluye dividir a los participantes en grupos que consuman diferentes tipos de lácteos antes de dormir (con o sin lactosa), y luego analizar sus patrones de sueño y contenido onírico, lo que permitiría comprobar si los efectos se limitan a quienes tienen esta intolerancia.

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