Aunque ambas disciplinas mejoran la resistencia, un estudio liderado por el científico Andrey Jorge Serra, de la Universidad Federal de São Paulo (UNIFESP), demuestra que la natación supera a la carrera en la capacidad de generar un corazón más fuerte, grande y eficiente.

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Ocho semanas que marcaron la diferencia
Para llegar a esta conclusión, los investigadores dividieron a un grupo de estudio en tres categorías: sedentarios, corredores y nadadores. Durante dos meses, los sujetos realizaron sesiones de una hora, cinco veces por semana. Al finalizar el protocolo, los resultados publicados en la revista Scientific Reports fueron contundentes.
Mientras que el grupo de corredores mejoró su capacidad respiratoria, solo los nadadores experimentaron un aumento relevante en la masa cardíaca y el tamaño del ventrículo izquierdo. Por consiguiente, la natación no solo quema calorías, sino que modifica la estructura del corazón de una forma que el running no logra bajo las mismas condiciones.

La clave molecular
¿Por qué el agua ofrece esta ventaja adicional? La respuesta reside en la genética. El equipo de la UNIFESP identificó que la natación modula con mayor intensidad los microARNs, unas moléculas que regulan la síntesis de proteínas en las células.
Debido a la resistencia del agua y a la mecánica del ejercicio, la natación activa rutas moleculares que favorecen:
- Angiogénesis: La formación de nuevos vasos sanguíneos.
- Crecimiento celular: Una hipertrofia cardíaca saludable (corazón de atleta).
- Protección celular: Mayor resistencia al estrés oxidativo y a la muerte de las células cardíacas.

¿Debes dejar de correr?
Los especialistas aclaran que este descubrimiento no resta valor a la carrera. Ambas actividades incrementaron el VO₂ máx (capacidad de consumo de oxígeno) en más de un 5%, lo cual es excelente para la salud general. No obstante, la natación ofrece una respuesta adaptativa más robusta.
«La elección del deporte depende del gusto personal, pero nuestros resultados muestran que la natación tiene un impacto especial en la rehabilitación cardíaca«, explicó Serra. De esta manera, para quienes buscan maximizar la salud del miocardio o se recuperan de una afección cardíaca, el agua se posiciona como el entorno ideal.
Finalmente, este estudio sugiere que médicos y entrenadores deberían personalizar sus recomendaciones. Si el objetivo es un corazón estructuralmente más fuerte, sumergirse en la piscina podría ser la mejor decisión terapéutica.
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