La tradicional procesión del Cristo del Consuelo superó todas las expectativas este año, al congregar a más de 500.000 personas en un recorrido cargado de espiritualidad y esperanza. Aunque los organizadores preveían una cifra menor, la devoción de los guayaquileños desbordó las calles del suburbio en uno de los actos religiosos más multitudinarios del Ecuador.
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Un recorrido marcado por la devoción
La caminata inició a las 07:00 desde el emblemático santuario en la calle Lizardo García. Durante dos horas, una marea humana avanzó entre rezos y plegarias hasta alcanzar el Complejo Cisne II a las 08:51. En este punto, la seguridad de la Policía Nacional custodió el arribo de las autoridades, entre ellas Cynthia Gellibert, secretaria general de la Administración Pública, quien acompañó el trayecto junto a su equipo técnico.
Por otro lado, la música marcó el recibimiento oficial en el altar mayor. La orquesta sinfónica juvenil y el coro de la Prefectura del Guayas interpretaron el ‘Ave María’, creando un ambiente de solemnidad.

El llamado a la reconciliación del Cardenal
El cardenal Luis Gerardo Cabrera lideró la ceremonia con un mensaje enfático sobre la situación actual del país. Durante su homilía, el clérigo exhortó a los asistentes a buscar la paz a través del perdón. «Dios nos llama y nos espera para que estemos unidos«, afirmó Cabrera, subrayando que la reconciliación debe empezar en el hogar para luego trasladarse a toda la sociedad.
Símbolos de paz y sueños de niños
Uno de los momentos más emotivos de la jornada ocurrió antes del cierre. Un grupo de niños, ataviados con trajes de diversas culturas del Ecuador, entregó obsequios simbólicos a las autoridades presentes. El cardenal recibió un poncho con una chacana bordada, mientras que a la prefecta Aguiñaga le entregaron una prenda similar en colores rojo y blanco.
«Sueño con un país donde no tengamos miedo», expresó una de las menores durante la entrega. Este gesto reforzó el pedido de unidad y seguridad que marcó toda la jornada. Finalmente, la ceremonia concluyó con el rezo colectivo del ‘Padre Nuestro’, sellando una mañana donde la fe se convirtió en el motor de un anhelo compartido: la paz para el Ecuador.
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