El fútbol mueve multitudes, pero también somete al cuerpo humano a pruebas extremas. Durante los cuartos de final del Mundial, el Servicio de Atención Médica de Emergencia (SAME) de Buenos Aires atendió a por lo menos siete personas por emergencias cardíacas —incluyendo una víctima mortal— mientras miraban el partido de Argentina contra Suiza. Este hecho evidencia una realidad poco conocida por el público general: la alta tensión emocional de un partido de fútbol puede desencadenar consecuencias físicas severas.
Según explican diversos especialistas, ver un encuentro decisivo somete al espectador a un verdadero «tsunami emocional». El cardiólogo Martín Lombardero, miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología, señala que el cerebro procesa un partido como si fuera una catástrofe o el ataque de un depredador físico. En consecuencia, el cuerpo libera de golpe hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina, elevando la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
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La reacción corporal: Fútbol que se juega en la tribuna
Por otra parte, la ciencia demuestra que el espectador no vive el partido de fútbol de manera pasiva. Investigaciones del King’s College London revelan que el cerebro y el organismo de un hincha apasionado reaccionan igual que si estuviera compitiendo físicamente en el césped. Por lo tanto, el fanatismo extremo amplifica los mecanismos de defensa naturales.
De hecho, este estrés fisiológico no empieza con el pitazo inicial. Estudios realizados en hinchas alemanes demuestran que los niveles de cortisol y testosterona comienzan a elevarse de forma drástica varias horas antes de que ruede el balón. Asimismo, esta sobredosis de hormonas genera que los vasos sanguíneos se contraigan y reduzcan el flujo de oxígeno hacia el corazón.

¿Quiénes corren mayor riesgo y cómo protegerse?
A pesar de los impactantes datos, los médicos insisten en mantener la calma. Las emociones extremas rara vez dañan un corazón completamente sano, pues funcionan como un detonante y no como la causa principal del problema. El verdadero peligro acecha a las personas con condiciones preexistentes —como hipertensión, antecedentes de infarto o enfermedades coronarias no diagnosticadas—, en quienes el riesgo de sufrir un evento cardiovascular llega a duplicarse durante los partidos de alta tensión.
Finalmente, la falta de descanso agrava significativamente esta situación. Cuando los torneos internacionales se disputan en zonas horarias lejanas, los hinchas suelen alterar drásticamente sus rutinas de sueño para ver los partidos de madrugada. Esta privación del descanso debilita la resistencia cardiovascular del cuerpo, aumentando la vulnerabilidad ante el estrés deportivo y elevando también el riesgo de sufrir accidentes de tránsito por cansancio acumulado.
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