Tras cuatro años y tres meses cubriendo la guerra entre Rusia y Ucrania, el periodista y escritor español Cristian Segura relató en un artículo para El País las secuelas que le dejó su trabajo como corresponsal en el frente: episodios de neumonía, una infección ocular por el polvo del combate, mordeduras de perros «trastornados por las bombas» y estrés postraumático, entre otras afecciones.
«Rusia está perdiendo la guerra»
Pese al costo personal, Segura sostiene que 2026 confirma una tendencia que hace tiempo no se veía: las tropas rusas ya no avanzan e incluso retroceden en algunos puntos, mientras Ucrania fortaleció su industria de drones de largo alcance. El periodista atribuye el estancamiento ruso también a las crecientes dificultades para reclutar soldados.
El costo humano para ambos bandos
El corresponsal también documenta el desgaste ucraniano: un 39% de los nuevos reclutas desertaría antes de cumplir dos meses de servicio, y el propio ministro de Defensa reconoció unos 200.000 desertores. A nivel demográfico, Ucrania pasó de 41 millones de habitantes en 2021 a 29 millones actualmente, golpeada por la emigración masiva que dejó la invasión.
Una ruptura histórica con Rusia
Para Segura, la mayor derrota geopolítica de Moscú es haber destruido su relación histórica con Ucrania y haberse convertido en un «vasallo económico» de China, mientras Kiev consolidó su identidad como Estado independiente y su futuro ingreso a la Unión Europea.











