Leticia Estrada descubrió que el maestro de coro y tecnología de su hija de 14 años mantenía una relación sentimental con la menor. Las investigaciones preliminares señalan que el docente inició el acercamiento dentro de las instalaciones de la Secundaria Federalizada 53 Quetzalcóatl, ubicada en el municipio de Ecatepec, en septiembre de 2025.
La madre detectó la preocupante situación al revisar el teléfono celular de la adolescente durante las vacaciones de fin de año. En el dispositivo, Estrada halló una aplicación de acceso oculto que escondía chats privados entre el educador y la estudiante.
Posteriormente, los familiares difundieron un revelador audio en el que el profesor, identificado como Víctor “N”, confiesa abiertamente el vínculo afectivo. En la grabación se escucha al hombre justificar el hecho: “Tomamos la decisión de eso, de ser pareja, de ser novios”, argumentando incluso que planeaba pedir el consentimiento de los padres. Sin embargo, la madre rechazó tajantemente la justificación y encaró al implicado recordándole la enorme brecha de edad: “Usted tiene casi 50 años, ¿se da cuenta de eso?”.

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Autoridades escolares fallaron en la primera respuesta
El abuso de confianza ocurrió precisamente dentro del coro escolar, un espacio que la madre consideraba seguro por la alta presencia de otras alumnas. Lamentablemente, cuando la afectada presentó el reclamo formal, las autoridades del plantel inicialmente solo reubicaron al docente de área, una medida que la familia consideró totalmente insuficiente y negligente.
Más tarde, la situación penal escaló y un juez dictó prisión preventiva oficiosa en contra del profesor tras formalizarse la denuncia por abuso sexual. No obstante, Víctor “N” obtuvo un amparo que le permitió salir de la cárcel a cambio de una fianza de 75 mil pesos, sustituyendo la reclusión por un arresto domiciliario.
Una familia desprotegida y bajo temor constante
La liberación parcial del acusado encendió las alarmas de las víctimas debido a una peligrosa coincidencia geográfica. El domicilio del profesor se encuentra a solo cinco minutos de la casa de la menor, lo que genera un escenario de alta vulnerabilidad.
“Aparte de intranquilos, nos tiene enojados, nos tiene frustrados (…) esta persona obviamente sabe dónde vivimos, conoce perfectamente la rutina de mi hija”, denunció Leticia Estrada con profunda impotencia.
Por esta razón, colectivos y usuarios en redes sociales han iniciado un movimiento digital que exige reclasificar el delito de abuso sexual a pederastia o violación equiparada, delitos que impiden la libertad bajo fianza y conllevan castigos mucho más severos. Mientras tanto, la familia vive bajo el temor constante a la espera de que los tribunales actúen con verdadera firmeza.
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