Colombia se alista para una nueva jornada electoral decisiva. El domingo 21 de junio de 2026, los colombianos deberán elegir entre dos extremos: el candidato de derecha Abelardo de la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda.
De la Espriella: el showman millonario, pro-Trump
Abelardo de la Espriella, apodado «El Tigre», capitalizó el desencanto con la clase política y con la izquierda para acercarse a la presidencia. Con 47 años, el «outsider» respaldado por Donald Trump aspira por primera vez a un cargo de elección popular.
Caribeño y derechista, se define como judeocristiano y dejó atrás una vida de lujos en Florencia, Italia, para aspirar a gobernar Colombia. Se inspira en Javier Milei, Nayib Bukele y Trump, promete «reconstruir la República» y convertirse en «enemigo acérrimo» de la izquierda. Para combatir a las mafias, propone aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel y plantea sepultar el tribunal surgido del acuerdo de paz con las FARC.
«A toda esa mafia que desgobierna Colombia les digo: aquí hay una manada, hay un pueblo que no se arrodilla y que ha venido a enfrentarlos y a castigarlos», ha dicho en sus actos de campaña, ambientados con fuegos artificiales y rugidos de tigre.
Cepeda busca repetir el milagro de la izquierda
El asesinato de su padre en un crimen de Estado marcó un punto de quiebre para Iván Cepeda. Agentes estatales aliados con paramilitares acribillaron a su padre, un político comunista, en 1994. Esa pérdida lo convirtió en defensor de derechos humanos, lo llevó al exilio y, más tarde, a ganar cuatro elecciones al Congreso, donde sus opositores de derecha lo tachan de marxista, una etiqueta que él rechaza.
De ganar, sería el segundo turno de la izquierda en el poder, que llegó por primera vez a la presidencia en 2022 de la mano de Gustavo Petro, su aliado político. «Esta elección se resume con dos palabras: la vida y la muerte», ha dicho en campaña.
Cepeda decidió no tener hijos y disfruta de la compañía de su esposa y tres perros chow chow. Es reconocido como un personaje escéptico que nunca pierde el control de sus emociones, en contraste con el estilo confrontativo de Petro. Habla checo y ruso, ha escrito libros sobre Sigmund Freud y Michel Foucault, y suele rodearse de indígenas, campesinos y víctimas del conflicto armado. «Por el bien de todos, primero los pobres», repite en sus discursos.











