La mañana del 11 de septiembre de 2001, Marcy Borders, de 28 años, estaba en su escritorio, en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center. Apenas llevaba un mes en su primer empleo como asistente jurídica en Bank of America.
«Vamos, hay que salir de aquí»
Cuando el primer avión impactó el edificio, su jefe ordenó a todos permanecer en sus puestos hasta que llegaran los servicios de emergencia. Borders ignoró la instrucción y corrió hacia las escaleras. Logró llegar al vestíbulo de un edificio cercano justo cuando la torre se derrumbaba detrás de ella; un extraño la jaló hacia adentro para ponerla a salvo.
La fotografía que dio la vuelta al mundo
Fue en ese vestíbulo donde el fotógrafo de la AFP Stan Honda capturó la imagen que la haría conocida mundialmente: Borders, cubierta de polvo de la cabeza a los pies, con el rostro visiblemente conmocionado. La fotografía entró después a la lista de la revista Time de las 25 imágenes más impactantes jamás captadas, y ella pasó a ser conocida en todo el mundo como la «Dust Lady».

«No me gusta la imagen que ve Estados Unidos»
Pese a la fama repentina, Borders nunca quiso ser recordada por esa foto. «Cuando la vi, pensé: ‘Dios mío, en verdad no me gusta la imagen que ve Estados Unidos. Me muestra a mí'», contó a Fox News en 2002. «La gente mira esta foto y ve elegancia. Yo no la veo».
Años de lucha personal
Tras los atentados, Borders desarrolló pánico a los aviones y a los edificios altos, y cayó en una fuerte depresión y adicción al crack, que la llevó a perder la custodia de sus dos hijos y a permanecer años sin poder trabajar. En abril de 2011, casi una década después del ataque, ingresó a rehabilitación y logró recuperarse.
El diagnóstico que ella vinculó al 11-S
En agosto de 2014, tres años después de dejar las drogas, fue diagnosticada con cáncer de estómago. Borders siempre creyó que la enfermedad estaba relacionada con el polvo tóxico que respiró aquella mañana. «¿Cómo es posible pasar de estar sana a despertarte al día siguiente con cáncer? No tengo hipertensión, ni colesterol alto, ni diabetes», declaró al New Jersey Journal.

Su legado
Marcy Borders murió el 24 de agosto de 2015, a los 42 años, tras someterse a quimioterapia. Su primo, John Borders, la describió en Facebook como una «heroína» que «sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S». Su hija, Norelle, la recordó ante el New York Post: «No solo es la ‘Dust Lady’, es mi heroína, y vivirá para siempre a través de mí».











